Estoy en Sitges, sentado en uno de los bancos de piedra de las escaleras que suben a la iglesia de Sant Bartomeu. Es temprano, las nueve y media de la mañana. el sol me da en la cara, el cielo azul mediterráneo sin una nube. El sol me lava el sueño. Poco a poco desentumeciéndo las mejillas, el sueño se despega. Me acompaña el ruido del mar enroscado en blanca espuma rompiendo contra las rocas y los pasos de los madrugadores deportistas que hacen footing y de los turistas ingleses, argentinos y alemanes que hablan con las voces apagadas de la primera hora de la mañana, todavía conservan en la boca el sabor del café del desayuno frugal. O tal vez sea el sabor de mi boca que lo traslada a los demás. He desayunado café con leche con torta casera de chocolate cocinada por la mano experta de la madre de mi amiga.
Llegué ayer a Sitges. A la "44 Edición del Festival de Cine Fantástico de Sitges". Lo mejor, el público. Lo peor, las películas. No soy demasiado seguidor de las películas de cine de terror y fantástico, aunque hay más de diez obras maestras dentro del género. Soy el recluta patoso en el festival de Sitges. No soy aficionado a este tipo de cine por lo tanto no soy conocedor de este tipo de cine y en ocasiones no entiendo porque hay tanto público, tantos espectadores para tanto cine tan mediocre.
En Stiges he aprendido algo. Que el género no es tan mediocre como se piensa y que el público que se entrega a este tipo de cine, tiene un gusto refinadísimo y sabe disinguir entre lo que es bueno y lo que es malo. El género es una alternativa a tanto cine comercial y bien pensante que nos llega como pedrisco y helada cultural desde todos los lugares. Este cine es un canto de aire fresco y libre. Sin prejucios.
Estoy disfrutando del festival, del ambiente, del público y con el público. Para nuevos reclutas patosos que vengan al festival por primera vez, recomiendo que saquen las entradas con un día de antelación o las reserven por internet. Que se informen de las tarjetas con las que hacen descuento en las entradas. Se anda mucho, se habla mucho, se sonríe mucho, se aplaude mucho y se prometen sustos, miedos y descuartizamientos. Y para aquellos que les guste, podrán ver a las estrellas de cine, aúnque aquí se reconoce más a los especialistas en efectos que a los actores y a las actrices participantes.
Está claro que un lugar para ver buenas películas es un festival de cine. Ese mismo lugar es el idóneo para ver malas películas, incluso pésimas.
No he visto nada sorprendente. En algunas ocasiones nos hemos salido del cine porque no aguantábamos la película. No he podido ver algunas películas por no quedar entradas y otras por que no se programan en los, tan solo, tres días de estancia en Sitges, muy pocos para lo que dura, del 6 al 16 de octubre. Pero es muy divertido y me gustaría volver para estar más días. Estoy disfrutando del festival.
El festival de cine fantástico de Sitges es un triunfo de espectadores, de público, es el triunfo de la fiesta del cine. La directora Irlandesa, Rebeca Daly, directora de "The other side of sleep", en la presentación de su película dijo estar muy agradecida a la presencia del público que llenaba la sala del cine Retiro, pues en su país con seguridad estaría vacía.
Suena la campana de la iglesia, ya son las diez.
El lugar donde estoy sentado es un lugar de paso y parte del paseo obligatorio de Sitges. La ciudad despierta, la actividad pasa ante mí rozándome con cada mirada. Me dejan tranquilo, pero me avisan que es hora de seguir viendo películas.
